
Hace tan sólo unos años, el concepto de Inteligencia Artificial (también conocido por sus siglas en inglés, AI) era apenas conocido por la comunidad científica y algunos lectores de ciencia ficción. La película de Spielberg, el robot AIBO y la web 2.0. parecen haber vuelto a poner en el mapa esta fundamental rama de la tecnología, que se emparenta cada vez más con las disciplinas biológicas, en una convergencia apasionante de consecuencias incalculables.
La AI es, tal vez, una de las más apreciadas quimeras de la ciencia. El deseo de engendrar inteligencia por medios tecnológicos ha sido tratado con visión filosófica como un paso evolutivo, donde no son los genes los que buscan perpetuarse, sino la consciencia. Y es una de las predicciones más frecuentes en la comunidad científica: la que augura que llegaremos a ver máquinas inteligentes en los próximos 25 años.
Pero, ¿a partir de qué punto se puede considerar que una máquina es “inteligente”? Una de las primeras pruebas que se sugirieron para definir cuándo una máquina podría considerarse así fue propuesta por Alan Turing en 1950, y es conocida hoy en día como el “Test de Turing”. La idea es muy simple: un juez establece una conversación con dos sujetos a través de, por ejemplo, un chat. Uno es humano, y el otro una máquina. Si el juez no puede identificar claramente quién es quién, la máquina habrá superado el Test. A pesar de haber sido muy cuestionado, el Test de Turing fue el primer intento de reivindicar la posibilidad de crear máquinas inteligentes.

¿Cómo intentan los investigadores llegar al objetivo de estas “máquinas pensantes”? Las líneas de investigación son variadas. Algunos tratan de desarrollar las llamadas “redes neuronales”: los neurocientíficos creen que se debe emular el comportamiento de la corteza cerebral humana, y para ello desarollan predictores estadísticos o sistemas lógicos que imiten el “sentido común”. También está el llamado “diseño genético”, que emplea sofisticados algoritmos tratando de dotar de una mayor inteligencia a las máquinas.
Algunas de las aplicaciones prácticas de estas investigaciones las estamos viendo cuando utilizamos, por ejemplo, un buscador de Internet, o cuando Amazon.com nos sugiere compras que pueden interesarnos, basadas en nuestras consultas previas. Nadie espera que una máquina de tabaco comience a tutearnos en el bar mañana mismo. Los diferentes descubrimientos y avances se van incorporando cada día, y es a través de Internet donde estamos apreciando algunos de ellos. La llamada “web semántica” es una futura consecuencia de enseñar a las máquinas a comprender nuestras pautas de conducta y a sugerir alternativas. Algunos ya piensan en robots inteligentes y serviciales, pero ese es sólo una de las situaciones posibles…

Hay tres teorías de futuro que describen los posibles escenarios de la Inteligencia Artificial.
La teoría de la capacitación promueve la idea de que las máquinas inteligentes nos ayudarán, complementando nuestras habilidades, automatizando los trabajos más básicos, y permitiéndonos planificar objetivos como el viaje interestelar y el desarrollo de complejos proyectos bioindustriales para la colonización del universo.
La teoría del reemplazo es la más controvertida. Asume que las AI superarán nuestras capacidades y perderemos el control sobre ellas. Desarrollarán su propia conciencia y necesidades, que no tendrían por qué coincidir con las nuestras. Muchos films, desde 2001 hasta Terminator, han explorado esta teoría alimentando nuestros miedos a lo desconocido.
La teoría de la transformación afirma que incorporaremos la AI a nuestra propia biología (por ejemplo, chips implantados), transformándonos por completo en seres basados en el silicio, en lugar del carbono. ¿Alguién ha pensado en implantarse inteligencia?
Por el momento, y para ahuyentar la idea de que estas teorías no son más que alimento de científicos alucinados, el gobierno de Corea del Sur ha comenzado un ambicioso programa. Se calcula que entre 2015 y 2020, habrá un robot en cada casa coreana. Y ya se están preparando regulaciones que aseguren los derechos de estos robots. Libremente basadas en las famosas “leyes de la robótica” de Isaac Asimov, pretenden garantizar un trato digno a nuestros futuros convecinos. Como en el film “Yo, robot”, el gobierno coreano se preocupa por lo que puede ser una realidad cada vez más cercana.
La Inteligencia Artificial puede ser mucho más que un robot ayudante. Puede ser una fascinante teoría de la transmisión de la inteligencia, y por lo tanto una redefinición de la vida tal y como la conocemos. De momento, y sin ánimo de especular demasiado, comienza a ser una compañera casi imprescindible de nuestros pequeños hábitos tecnológicos. Quizá pasemos del “texto predictivo” en los mensajes sms a una conversación directa con nuestros teléfonos móviles. Y puede que incluso ellos superen el dichoso Test de Turing…






